Conocé a Leo
Se levanta con una idea nueva cada mañana: capitán de barco, domador de dinosaurios, saltarín olímpico de sofá en sofá. Termina el día con las patas llenas de tierra y una sonrisa que no le cabe en la cara. Todos le dicen que su melena es preciosa, pero él ni se entera; anda pensando en el próximo juego. Lo único que de verdad lo pone triste es no tener con quién jugar, y por eso adora a Vera, que siempre le sigue la corriente con tal de verlo feliz. Hasta bañarse le parece una aventura: se queda un ratito de más en la tina, inventando que la espuma son nubes y la toalla, una capa. Y de premio pide una sola cosa: nuggets, siempre nuggets.
